¿Qué extraña razón (o sin-razón) puede llevar a un ex alumno del mítico Nacional Buenos Aires a visitar a su viejo profesor de literatura, casi treinta años después de graduarse?

¿La historia que ya nadie escribirá?

¿La memoria de lo que nunca fué?

¿Y con qué se encontrará, finalmente?

Quizá esas mismas razones (o "sinrazones") nos llevaron a montar EL EX ALUMNO, de Carlos Somigliana, desde el 11 DE JUNIO en el TEATRO DEL PUEBLO, DIAGONAL NORTE 943....

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LO mejor que nos podía pasar.. (Carta abierta a Somi...)

Corría el ´84. Yo era un pibe de Morón que tocaba el cielo con las manos en aquellos talleres de Teatro Abierto, se acuerda? Como Horacio Caletti, su entrañable personaje, también creía que se podía cambiar el mundo, y de yapa, escribiendo teatro... Aquella noche usted asomó su despiste, como de ángel a contramano, en el aula equivocada; nuestro grupo era el de Cossa y Kartún. Fue la primera y única vez que lo tuve cerca; faltaban menos de tres años para que usted partiera, y unos cuantos más para que le escribiera esta carta a bordo del desvencijado Sarmiento, camino al estreno de El Ex Alumno, su injustamente olvidado Ex Alumno que por esas cosas de la vida (y también de la muerte, ay) tendré la inmensa dicha de estrenar en unas horas. Será, como quien dice, mi noche. O, para ser mas justo, nuestra noche, la de los actores, de los asistentes y de su recuerdo, más vivo que nunca. Por eso estas humildes líneas, Don Somi; porque su memoria y su obra lo merecían largamente...


Tuvieron que pasarle unas cuantas cosas al país y a nuestros destinos para llegar a este momento, sabe. Unos cuantos sueños quedaron en el camino (los suyos, sin ir mas lejos) y aquellas dignísimas madres des-hijadas que lo sobrevivieron debieron seguir dando obstinadas vueltas a la plaza para que indultos y puntos finales no desmerecieran su lucha. También (fatalmente) tuvieron que hipotecarnos el país los democráticos faraones re-electos (nunca se sabrá por quienes, yo, le juro que ni por asomo) para llegar al bicentenario con mas dudas que certezas. Y sobre todo, tuvieron que llevarse todo lo que encontraron para dejarnos en esta democrática miseria sojera, mirándonos las manos vacías y preguntándonos cómo hacemos para armar algo con la nada que nos dejaron. ¿Porqué le cuento todo esto a usted, que ya no está? No lo sé. Apenas intuyo que hubiera sido maravilloso tenerlo sentado esta noche en la platea, esperando el momento de subir a escena a recibir el justo reconocimiento de su gente.
Pero eso no podrá ser.
Estarán, sí, su inseparable Betty, dos de sus hijos y hasta un nieto que no llegó a disfrutarlo en vida pero que tal vez esta noche conozca (ojalá) alguna faceta de su abuelo que las fotos y las anécdotas familiares no pudieron guardar...
¿Será eso el teatro, Don Somi? ¿Una forma de transitar y transmitir la vivencia, esa otra forma del saber? Un saber que no figura en los manuales pero que nos sobrevive y de alguna manera, acaso humilde y sublime, nos trasciende...? De ser así, esta noche, cuando su nieto se pregunte cuánto de su abuelo hay en Horacio Caletti, el atormentado protagonista de El Ex Alumno, comprenderá tal vez que su abuelo tambien fue un buscador vocacional de verdades, pero no de verdades absolutas e ideales, mas bien de verdades pequeñas, inefables, de esas que nos alivian y completan, consuelo de justos y desvelo de canallas.
Dónde quedará la verdad, Don Somi? Cuál será su domicilio legal, por asi decirlo? Una tumba sin nombre? Unos huesos sin dueño? El último suspiro de un asesino? De estos inquietantes interrogantes se nutre su obra, sabe. Circulan entre sus criaturas como savia hasta empujarnos (a los actores, al director, a todos) a transitar esos mundos como propios. Porque cuando un director decide montar un texto, ahora empiezo a saberlo (gracias a usted, y también al ex alumno que todos llevamos dentro) es porque alguien, un autor pongamos por caso, dijo algunas cosas y puso en juego algunas magias como nadie lo hubiera hecho mejor, ni siquiera Dios. Precisamente porque un autor, Don Somi, es un poco (o muy) eso; un Dios de su propia invención. Y nadie le puede usurpar ese privilegio, ni siquiera la muerte. O la muerte, menos que nadie. Porque yo creo, Don Somi (pero no se lo cuente a nadie) que el teatro puede con la muerte. De lo contrario la vida sería otra cosa; un poco más pobre y miope, un poco menos digna de ser vivida. Sería, yo creo, una hermosa canción para sordos, una caricia sin destino, un golpe a mansalva en la espalda de un ángel desolado y des-alado. Pero por suerte, insisto, está el teatro y mientras haya teatro la vida seguirá siendo esto que es: inaceptable para algunos, única para otros, inefable como aquel ángel despistado que me pasó tan cerca aquella noche del 84, cuando todavía creíamos que podíamos cambiar al mundo. También por eso estas líneas, Don Somi. Porque esta noche (y ojalá otras noches y otros días) en su teatro celebramos la vida. Y algo de usted (su lucidez implacable, su simpatía simple y genuina) no faltarán a la cita. Y será, no lo dude, algo bueno. Acaso lo mejor que nos podía pasar...

Luis Sáez

Programa CON SENTIDO PÚBLICO, Canal 7

08/10/2010, última función...

08/10/2010, última función...

Hasta siempre, EL EX ALUMNO!

Hasta siempre, EL EX ALUMNO!